domingo, 8 de febrero de 2015

EL RECUERDO DE SI

EL RECUERDO DE SÍ

Este adiestramiento especial empieza con la observación de sí.

Sólo por medio de la observación de sí, hecha sin espíritu crítico y durante un prolongado período, un hombre empieza a comprender que no se recuerda a sí mismo.

Se da cuenta de que casi todo el tiempo vive en un sueño.

Comprende que se olvida a sí mismo y que olvida sus propósitos y preocupaciones.

Pero esto no es todo.

Empieza a comprender lo que significa despertar hasta cierto punto y lo que significa estar dormido.

A través de la observación de sí empieza a sentir el sabor de lo que podría ser al estar más despierto, más consciente de sí mismo.

La observación de sí no es el recuerdo de sí, pero permite a un hombre darse cuenta de que no se recuerda a sí mismo y que casi nunca tiene un sentimiento de sí mismo distinto y separado, ni un sentido exacto del yo, ni una verdadera conciencia de sí mismo.

A causa de ello comprende que vive: su vida en un estado de sueño al que la gente denomina “plena conciencia”, casi como una burla, cabe “pensar”, porque en el así llamado estado de “plena conciencia” es donde la gente se comporta tal como lo hace uno con otro y hasta se mata uno a otro sin comprender lo que están haciendo.

Observemos lo que sucede hoy día.

¿Cuál es la verdadera explicación de lo que está sucediendo en el mundo?

La verdadera explicación es que la gente no es consciente.

Está dormida y actúa en su sueño.

Y hasta cuando la gente siente un atisbo de esta situación, no sabe cómo despertar del sueño o qué hacer.

Sin embargo, desde la creación del mundo se les dijo a los hombres que estaban dormidos y que debían despertar.

Cuántas veces se dice en los Evangelios:

"Despertad, estad alertas, no durmáis".

Pero la gente no lo entiende o piensa que es una metáfora cuando es literalmente la verdad.

Si la gente se despertara de su sueño, si empezara a recordarse a sí misma, toda la vida cambiaría.

Y nada puede cambiar en la vida a menos que se empiece a despertar.

Es preciso decir todo esto antes de encarar el aspecto práctico del recuerdo de sí porque todos los que quieren comprender este Trabajo deben tener, por así decir, un fundamento de principios que les permitan pensar sobre los detalles.

Este Trabajo enseña como principio que el hombre está dormido y que su tarea más grande y más importante es despertar.

Antes de que pueda suceder cosa alguna, un hombre debe comprender que está dormido y que no se recuerda a sí mismo.

Y sólo puede llegar a comprenderlo mediante la observación de sí hecha en todo momento y sin espíritu crítico y por un prolongado período.

Pero en este sistema se le enseña a observar ciertas cosas peculiares en sí mismo que impiden sobre todo que un hombre empiece a despertar.

El despertar, es preciso comprenderlo, exige mucho tiempo, y todas las primeras etapas del Trabajo se ocupan de este despertar gradual.

OBSERVAR EL ESTAR IDENTIFICADO………

Una de las cosas más importantes que ha de observarse en sí mismo es el estar identificado.

Un hombre no se puede recordar a sí mismo si está identificado.

Y cuanto más identificado esté consigo mismo, tanto menos se recordará a sí mismo.

SE IDENTIFICA CON SU SUFRIMIENTO………

Un hombre se identifica con imágenes de sí mismo, se identifica con sus sueños, se identifica con cada "yo" que por un momento aparece en escena, se identifica con cada estado de ánimo, se identifica con cada emoción, se identifica especialmente con sus emociones negativas y se identifica con su sufrimiento.

Y es preciso mencionar aquí que se debe luchar con esta última forma de identificación desde el primer momento del trabajo práctico sobre si.

RENUNCIAR A SU SUFRIMIENTO………

Un hombre debe renunciar a su sufrimiento desde el comienzo mismo.

TEMAS DE ESTUDIO………

Todas las mil y una formas de identificación deben llegar a ser temas de estudio de sí a través de la auto-observación.

Ahora bien, si un hombre observa que está a punto de identificarse, digamos, con un estado negativo y al mismo tiempo recuerda el Trabajo y su propósito de no identificarse, debe separarse por completo de este estado.

Experimentará probablemente un instante de recuerdo de sí, ya sea en ese momento o más tarde.

¿Qué ha sucedido?

Trataré de explicarlo.

UN MOMENTO DE ELECCIÓN………

Cuando ha practicado la observación de sí durante cierto tiempo, estará más consciente de su estado interior y en consecuencia tendrá, por así decir, un momento de elección.

ANTES DE………

Podrá ver lo que va a suceder ANTES DE que esto tenga lugar.

La Observación de Sí despeja un espacio en su mente de modo que pueda ver las cosas que entran y que salen.

CREAR UN INSTANTE DE RECUERDO DE SI………

Si a la energía que estaba por entrar en la emoción negativa se le impide hacerlo, puede pasar de largo y crear un instante de recuerdo de sí.

Todo ello significa que esa persona ha llevado al Trabajo al punto de entrada de las impresiones.

Comúnmente las impresiones no pasan más adelante porque en el punto en que las impresiones entran en la máquina humana, caen en una red de asociaciones establecidas desde hace mucho tiempo.

Al cabo de un tiempo, a cierta edad, la gente ya no experimenta nuevas impresiones.

Esto no se debe a que las impresiones no sean nuevas, porque en todo momento pueden seguir siéndolo, sino a que siempre "tocan" las mismas asociaciones y producen las mismas reacciones.

La gente entonces sólo vive en sus asociaciones y esto hace que su vida interior sea casi vacía, casi muerta.

Si desea conservarse joven en sí misma es preciso que tome el alimento de nuevas impresiones.

Lo cual significa que en realidad es menester trabajar sobre las impresiones a medida que entran e impedir que algunas de ellas caigan en los antiguos lugares.

La vida son impresiones que entran.

No se puede cambiar la vida.

Pero se puede cambiar la forma en que las impresiones caen sobre uno mismo.

EL PROPÓSITO………

Tomemos, por ejemplo, la cuestión del propósito.

Todos deben tener un propósito en este Trabajo.

Es preciso reflexionar sobre él.

El propósito puede ser mayor o menor, pero un hombre debe saber cuál es su propósito grande o pequeño, en todo momento.

Da forma y significado a su vida interior.

ESTADO DE PERCEPCIÓN DE SI………

Ahora bien, si lleva su propósito a la conciencia —es decir, si no lo olvida— en el punto donde la vida está obrando sobre él mediante las impresiones entrantes y le impide reaccionar a cualquiera de estas impresiones de un modo que sea contrario a su propósito, está entonces en un estado de percepción de sí.

Su reacción mecánica es impedida por el acto consciente.

Esta acción pertenece al primer choque consciente.

Es, por así decirlo, su comienzo.

La energía que hubiera ido a una reacción mecánica, a través de las asociaciones mecánicas, puede proseguir ahora y llegar a transformarse primero en hidrógeno re 24.

Esto es emocional.

“VERÁ ALGO”………

De ello resultará que ahora o después "VERÁ ALGO" o comprenderá algo de una manera nueva —tras la red de asociaciones.

Las impresiones, de hecho, empezarán a caer directamente sobre los centros.

Las impresiones que son captadas en un estado de recuerdo de sí llegan a ser emocionales.

Hasta la cosa más sencilla llega a ser interesante y bella, y refleja un significado que antes no se había percibido.

Ahora bien, en lo que respecta a la pregunta:

"¿Qué sí… a mi mismo debo recordar cuando intento recordarme a mí mismo?"

Primero, debo recordar el mío mismo o el yo que conoce cuál es mi propósito.

Esto lleva a la conciencia a todos los "yoes" que en una persona quieren despertar.

Segundo, en nosotros existe algo real y verdadero.

Pero siempre somos lo que no somos, sustituyendo un "yo" tras otro en lugar del verdadero ser al cual tenemos acceso.

Cuando intentamos sentir el puro sentimiento de yo que hace esto, yo que dice aquello, yo que está sentado aquí, yo que es negativo, etc., esto suele ser una forma de recuerdo de sí.

El pleno recuerdo de sí es la conciencia del verdadero ser que está por encima de todos los "yoes" artificialmente creados en nosotros por la vida.

Finalmente, nadie puede recordarse a sí mismo a no ser que sienta que hay algo superior a sí mismo.

A menos de sentirlo, su recuerdo de sí lo llevará siempre a la falsa personalidad.

Cabe decir muchas otras cosas acerca del primer choque consciente, cuyas facetas son tantas, pero con lo que se ha dicho basta para dialogar y hacer preguntas sobre este tema.

En los diálogos todos ustedes deben guiarse por lo que se ha dicho en esta disertación, y esto constituye para ustedes un ejercicio de recuerdo de sí.

Maurice Nicoll


ACONTECERES

ACONTECERES

IDEA-TRABAJO

Un hombre no puede cambiar a no ser que empiece a entender su mecanicidad.

Mientras el hombre siga atribuyéndose plena conciencia junto con sus acciones, permanecerá dormido y sufrirá a causa de sí mismo sin utilidad alguna.

COMENTARIO

Supongamos que, luego de haber comprendido que reaccionamos mecánicamente a los eventos, nos damos cuenta que podemos reaccionar a los eventos menos mecánicamente y así más conscientemente.

Para una persona vana y convencida de su propia importancia, esto no es fácil.

Comprendan claramente que no podemos cambiar los eventos sino nuestra manera de tomarlos.

Pero si no hemos practicado la observación de sí, si no hemos dejado un nuevo lugar en nuestra mente donde podamos, hasta cierto punto, observar las impresiones entrantes antes de reaccionar contra ellas y observar de qué modo reaccionamos de costumbre, esto es imposible.

Es decir, seguiremos siendo máquinas gobernadas por la vida, la que es una serie de cambiantes aconteceres que nos vencen en una rotación regular.

Los hombres pegados a la vida son incapaces de distinguirse de la vida.

Son la vida: la vida es en ellos el acontecer.

La vida en la forma de una serie de cambiantes eventos llega a nosotros como impresiones y hace que reaccionemos mecánicamente.

Tomamos esta reacción mecánica como yo, como uno mismo.

Nos identificamos con cada suceso, más o menos.

El Trabajo se propone crear un lugar consciente o valla o aduana donde podamos estar conscientes de la calidad de las impresiones entrantes y así detectar un evento característico, y cuál será nuestra reacción mecánica a él antes de reaccionar mecánicamente.

Aquí hemos de interferir con nosotros mismos sin peligro alguno—.

Todo esto, como muchos de ustedes han oído, pertenece el comienzo de la comprensión y la práctica de lo que es llamado el Primer Choque Consciente, cuyo significado en todos sus aspectos constituye nuestro estudio más profundo.

Traten de descubrir el sentido de lo que se dice en el Trabajo al explicar que no hay tal cosa como "vida" abstracta e informe, sino que la vida es una cosa coloreada, coloreada y dividida por diferentes aconteceres.

La vida es discontinua porque es aconteceres.

Por ejem¬plo, usted pierde dinero.

Este es un acontecer.

Su reacción a este posible acontecer, si no le ha sucedido a usted, no será la misma que cuando oye decir que el señor X ha perdido su dinero.

En tal caso el señor X estará bajo el poder hipnótico del particular acontecer llamado ''perder el dinero".

Usted no sentirá todo lo que significa hasta que el acontecer en la rueda de los aconteceres llamada vida “lo escoge”.

Si, oír mencionar los eventos que suceden a los otros es muy diferente de los eventos que le suceden a usted.

¿Qué significa "un evento que le sucede a usted"?

Significa que usted, por un giro de la rueda, de súbito se encuentra en medio de un evento —digamos, un choque de autos—.

Esto es muy diferente a leer acerca de tal evento.

¿No ve usted que en esto hay algo muy extraño?

Se asemeja a las doce personas que se convocan para formar un jurado. "Nunca me convocarán" —se dice— y de pronto se encuentra formando parte del jurado.

¿Puede captar la visión de la vida?

Recuerde, a usted lo pueden citar. ¿Quién?

LOS EVENTOS………

¿Las autoridades? No —los eventos—.

Si usted tropieza con la alfombra y se cae, no hay autoridad alguna.

Es un acontecer posible, sin importancia, pero doloroso.
Por un instante usted es presa de él y reacciona mecánicamente.

Si tiene suficiente dinero, puede cambiar la alfombra o colocarla bien.

De cierto —usted será presa de otros aconteceres— por ejemplo, su congoja por el dinero.

Así caemos presa de un acontecer tras otro.

Cuando el Hombre fue creado como organismo capaz de desarrollo propio, todos los aconteceres posibles que el hombre pudiera experimentar también fueron creados.

¿Por qué?

Pues bien, de otro modo no habría tenido vida —no habría aconteceres— no tendría nada que hacer.

Ahora bien, perder el equipaje es una cosa común, pero es un acontecer posible.

No caben dudas que usted piensa que esto no es vida —que es meramente fastidio—.

No, usted está equivocado.

Esto es exactamente vida.

Del mismo modo, si usted espera estar bien para la invitación de mañana y se despierta con fiebre, y piensa que es un fastidio, pero no vida, yo le diría que su idea de vida es muy equivocada.

Estar enfermo es un evento muy común.

Sin embargo la gente cree que es excepcional —esto es, por así decir, que no es vida.

Pues bien, en este caso imaginamos que la vida no es todos esos eventos excepcionales.

Ouspensky dijo una vez: "La gente cree que la guerra es excepcional —pero ella siempre existió—".

Pero esto es exactamente vida.

Ahora bien, el punto de vista del Trabajo a este respecto es en qué forma se relaciona usted con lo que le está sucediendo.

Lo que le está sucediendo son aconteceres —algún acontecer particular pero que sucede a millones de otras personas—.

¿Se da cuenta?

Usted está triste.

Bien, algo le está sucediendo —algún acontecer— y es así como usted lo toma, como reacciona a él.

Pero ¿formula usted el acontecer?

¿Por qué lo toma y reacciona contra él de esta manera?

Lo hace así porque usted siempre lo ha hecho mecánicamente así y nunca ha intentado ver el acontecer y separarlo de su reacción contra él.

Pero tampoco se da cuenta que es un acontecer que en este momento le está sucediendo a millones de personas.

Los aconteceres gobiernan el mundo.

El mundo es una serie de aconteceres —si, de antiguos, antiguos aconteceres recurrentes.

Ahora bien, usted no puede cambiar el evento —pero puede modificarse a sí mismo con respecto a la forma de encararlo.
¿No han observado ustedes, después de años en el Trabajo —hablo a la gente que hace mucho que está en el Trabajo— de qué moda un acontecer lo hipnotiza y le extrae la fuerza?

NO COMBINARSE CON ELLOS………

¿No comprenden qué quiere decir ser pasivo a los aconteceres de modo de no combinarse con ellos —sean cuales fueren—?

Sí, es una cosa muy difícil —pero de un valor enorme, incalculable una vez que se entiende lo que El Trabajo enseña acerca del no identificarse.

Ahora bien, conocen como una bola puede rodar en una mesa de billar y caer en una tronera.

Todo evento que nos sobreviene en la vida se asemeja a una tronera en la cual caemos si nos identificamos y no nos observamos ni nos recordamos a nosotros mismos.

Por ejemplo, una buena tronera es "He tenido una vida muy dura".

Caemos en algún acontecer típico del mismo modo que la bola de billar cae en una tronera y luego, por así decir, está fuera de la mesa de la conciencia.

Hasta el más minúsculo evento actúa a modo de tronera, tal como perder la traba de la corbata.

Podemos identificarnos con algún suceso trivial como el de perder el botón del cuello de tal modo que todo el día estamos de mal humor, a punto de estallar, como si hubiéramos caído en alguna tronera.

En este caso fuimos “atrapados” fácilmente por la vida, que trata de mantenernos dormidos y no hemos entendido que el Trabajo se propone hacer que tomemos los eventos conscientemente y no mecánicamente.

Cuesta mucho más separarse de algunos eventos que de otros, debido a su poder hipnotizador.

Sin embargo, si el Trabajo tiene algún sentido, es más poderoso que la vida y sus aconteceres, porque de otro modo nuestro estado sería verdaderamente digno de piedad.

Aquellos que han trabajado o se han separado del poder hipnótico de la vida nos precedieron y dejaron tras ellos pruebas fehacientes de lo que hicieron —y también cierto poder que, si practicamos el Trabajo y construimos una nueva mente según las ideas del Trabajo, que trata de hacernos pensar de una nueva manera, nos serán transmitidos; aunque nos veamos enfrentados con eventos más difíciles.

Pero a no ser que nos recordemos a nosotros mismos —que es no dejarse hipnotizar— este poder no nos puede alcanzar.

Maurice Nicoll


RECORDAR EL PROPOSITO

RECORDAR EL PROPÓSITO

Ya se ha dicho que cuando un hombre trata de recordarse a sí mismo es preciso que recuerde también su propósito.

Cuando un hombre recuerda el Trabajo dentro de sí y su propósito y al mismo tiempo observa la vida, este acto de recuerdo de sí lleva al Trabajo hasta el punto de entrada de las impresiones —es decir, le permite tomar la vida entrante desde el punto de vista del Trabajo, observar las reacciones que está a punto de crear e impedir que las impresiones caigan dentro de sí en su lugar acostumbrado y produzcan sus reacciones habituales.

Todo esto comporta una lucha entre los "síes" y los "noes".
Un hombre en tal estado puede ver una impresión que está a punto de producir una respuesta característica en él y dice "sí" o "no" a ella.

Si la respuesta que la impresión está a punto de provocar es contraria al propósito de este hombre y él le dice "no", en-tonces mantiene su propósito.

Está trabajando sobre si y en ese momento ha sacrificado algo.
¿Qué ha sacrificado?

La satisfacción de reaccionar como siempre —es decir, mecánicamente—, la satisfacción de sentirse agraviado, la satisfacción de algún pensamiento o manifestación desagradable.

Todo ello involucra una lucha muy rápida y que no aparece exteriormente.

Tiene lugar dentro de un hombre y tiene que ver con su asentimiento interior o su negación interior.

Tiene lugar donde un hombre habría de ser consciente, donde habría de estar despierto —y donde, en realidad, está dormido.
Este lugar puede ser hallado.

Es el lugar donde se produce el Primer Choque Consciente.

Como se acaba de decir, un hombre debe siempre recordar su propósito cuando se recuerda a sí mismo.

Un hombre no puede despertar a menos que se recuerde a sí mismo, porque su punto de desarrollo está en el punto donde se recuerda a sí mismo.

Y aquí está el punto donde un hombre puede luchar conscientemente.

Para que un hombre despierte, es preciso que se entable en "él una lucha entre los "síes" y los "noes", una lucha entre el propósito y el no propósito.

Pero todo dependerá de la naturaleza de esta lucha —es decir, del OBJETO para el cual lucha un hombre y de lo que recuerda como sí y como no.

De ello dependerá el resultado de esta lucha.

Por regla general, no hay lucha en la vida interior de un hombre.

En un hombre mecánico, un hombre que no se recuerda a sí mismo, un hombre rutinario que reacciona mecánicamente a su contorno, según su propia manera adquirida, que sigue sus hábitos adquiridos, no hay lucha interior.

Sólo empieza una lucha cuando ese hombre va en contra de su rutina, de su mecanicidad, a la que IMAGINA que sigue por propia voluntad.

Pero si empieza en él una lucha, en especial si en la lucha hay una línea continua y definida, entonces se forman gradualmente en esa persona rasgos cada vez más permanentes que son su consecuencia.

La clase de rasgos permanentes que se formen en él dependerá de la naturaleza de la lucha y de lo que constituya su "si" y su "no".

Si un hombre recuerda todo lo que comprende del Trabajo y de sus enseñanzas, entonces la calidad de su sí y de su no, en su lucha interior consigo mismo, será correcta, y si la cristalización comienza en él sobre la base del Trabajo, será una cristalización correcta.

Maurice Nicoll


domingo, 1 de febrero de 2015

DEBEMOS SENTIR EL AHORA

DEBEMOS SENTIR EL AHORA
RECUERDO DE SI

Para sentir el ahora es menester recobrar la conciencia.

Únicamente podremos sentir el aho­ra, conteniendo a este hombre del tiempo que gusta pensar acerca de la existencia de una manera propia.

El ahora penetra en nosotros con un sentido de algo superior al tiempo que pasa.

El ahora contiene todo el tiempo, toda la vida, y el eón de la vida.

El ahora es el sentido del espacio superior.

Y aquí las decisiones del hombre del tiempo no tie­nen ningún valor, pues ninguna de ellas surge del ahora.

Todas las de­cisiones que pertenecen a la vida en el tiempo, al éxito, a los negocios, a la comodidad, son decisiones acerca del 'mañana'.

Todas las decisio­nes acerca de lo que debemos hacer, acerca de cómo hemos de obrar, son decisiones del mañana.

Lo único que vale es lo que se hace en el ahora.

Y esta es siempre una decisión acerca de uno mismo y con uno mismo, aun cuando sus efectos pueden tocar a otras gentes 'mañana'.

El ahora es espiritual.

Es una condición del espíritu cuando se encuentra por en­cima de la corriente de las asociaciones del tiempo.

Los valores espiri­tuales nada tienen que ver con el tiempo.

No están en el tiempo, y no son asunto del tiempo.

A fin de poder retener el impacto o la impresión de su verdad, hemos de luchar con el tiempo, con toda noción de que es algo que pertenece al tiempo, y que el paso de los días lo aumentará.

Pues de lo contrario nos será muy fácil pensar que es demasiado tarde; nos será muy fácil disponer de esta excusa favorita del tiempo que pasa.

El sentimiento del ahora, es el sentimiento de certeza.

En el ahora se detiene el tiempo que pasa.

Y es en esta detención del tiempo cuando la propia comprensión tiene poder sobre uno.

Uno sabe, ve y siente en sí mismo, aparte de las cosas externas; y, sobre todo, uno es.

Este es el es­tado de la fe como yo entiendo que significó originalmente; es el sen­timiento cierto de que algo hay por encima del tiempo que pasa.

Maurice Nicoll




CUANDO LA NECESIDAD SE VUELVE CONSCIENTE

CUANDO LA NECESIDAD SE VUELVE CONSCIENTE

COMPRENSIÓN

"LA ÚNICA FUERZA QUE PODRÍA CAMBIAR ALGO APARECE CUANDO LA NECESIDAD SE VUELVE CONSCIENTE".

Cuando siento la energía que anima mi cuerpo, MI PENSAMIENTO se relaciona con él; se establece entonces una especie de equilibrio, pero eso no es suficiente.

Mientras MI SENTIMIENTO no se abra, no estará realmente vivo.

Empiezo a tener EL DESEO DE SER Y DE SENTIRME COMO UN TODO, pero estoy todo el tiempo confrontado con la fuerza de mi automatismo.

EL MOVIMIENTO DE UNIDAD Y EL MOVIMIENTO DE FRAGMENTACIÓN………

Por una parte está el movimiento de unidad que me abre a una nueva percepción y por la otra el movimiento inexorable de fragmentación.

Esa confrontación llama en mí una fuerza insospechada, una atención que de otra manera nunca tendría la necesidad de aparecer.

Esa atención conduce al momento de conciencia, es el fuego que opera la fusión de fuerzas, la transformación.

El esfuerzo para tomar conciencia de esos dos movimientos exige a la vez una actividad mayor a mi atención.

Ese esfuerzo la despierta, despierta una fuerza adormecida.

Mi atención es completamente movilizada, concentrada al mismo tiempo en los centros superiores y en los inferiores, en el funcionamiento de toda mi presencia.

Esto depende del sentimiento de ser, un nuevo sentimiento que aparece.

Así, el recuerdo es ante todo el recuerdo de esa otra posibilidad, la búsqueda de una fuerza más activa en mí mismo.

Quiero conocer, quiero ser.

Necesito comprender lo que es necesario para un cambio de ser, que no puedo llegar a nada sin la ayuda de los centros superiores.

En el estado habitual sólo tenemos acceso a la mente ordinaria, que no tiene la energía necesaria.

Comprenderíamos más si pudiéramos tener un mayor sentimiento hacia nuestro estado, hacia el hecho de que no oímos el llamado de los centros superiores, no los escuchamos.

Para que mi ser cambie, tengo que comprender mi estado CON EL SENTIMIENTO.

Pienso que comprendo mi estado, pero mi sentimiento no está concernido.

Ese pensamiento es pasivo.

¡No hay la visión que podría penetrar y permitir UNA PERCEPCIÓN DEL HECHO REA!

No hay una energía capaz de ENTRAR EN CONTACTO CON EL HECHO.

Entonces, o busco pasar más allá de los movimientos de mi pensamiento y de mi emoción, o me topo con lo que me aprisiona sin poder salir de allí.

No he entendido del todo mi propia realidad y el hecho no tiene ninguna acción sobre mí.

Estoy aquí: pienso, siento, experimento.

O bien mi atención se retira bruscamente y siento una impresión de calma, soy tranquilizado, consolado.

Pero algo en mí se volvió pasivo y el movimiento que va a seguir no va a nacer de un conocimiento, sino del deseo de retener lo que experimento y afirmo o niego.

No veo la necesidad de una energía que no sea contaminada ni por mis pensamientos ni por mis emociones, una energía capaz de penetrar la acción de lo que se le opone.

CUANDO LA NECESIDAD SE VUELVE CONSCIENTE………

La única fuerza que podría cambiar algo aparece CUANDO LA NECESIDAD SE VUELVE CONSCIENTE.

Estoy insatisfecho, y no tengo nada en mí que sepa.

No es una inquietud, es un hecho.

Soy TOCADO por ese hecho y aparece el sentido de una urgencia.

Me siento concernido.

Me comprometo en ese acto de ver; entonces emerge una energía que pertenece al acto cuando es puro.

Es la aparición de algo real.

Ser consciente de sí mismo quiere decir ser consciente de la impresión que es recibida.

En el momento de conciencia, lo que ve y lo que es visto se funden en uno solo, un sentimiento puro.

Nace una energía no contaminada y me es absolutamente necesario seguir.

Sin esto nunca sabré lo que es verdad, nunca entraré en un mundo que es enteramente nuevo.

Jeanne de Salzmann


ACCIÓN CONSCIENTE

ACCIÓN CONSCIENTE

En mi estado actual no hay estabilidad, no hay «yo».

No me conozco.

Empiezo a sentir que hay que llegar a UN MOMENTO DE PRESENCIA más completo.

Necesito ante todo tener una impresión —lo más profunda posible— de mí mismo.

Me daré cuenta de que nunca tengo una impresión profunda, de que mis impresiones son muy superficiales, tan superficiales que sólo crean asociaciones  superficiales que no dejan ningún recuerdo y no cambian nada, no transforman nada.

Gurdjieff hablaba de las impresiones como de un alimento, pero no comprendemos lo que quiere decir alimentarnos, ni lo que eso representa para nuestro ser.

Soy pobre en materia de impresiones de mí mismo.

Tengo tan pocas; esto no tiene peso.

Si verdaderamente quiero conocer algo, estar seguro de ello, primero necesito ser «impresionado» por el conocimiento.

Necesito ese conocimiento nuevo.

Necesito ser impresionado por él tan fuertemente que lo conoceré en ese momento con todo lo que soy; no solamente con mi cabeza, sino con toda mi masa.

Si no tengo suficiente de ese conocimiento, suficientes impresiones, no puedo tener ninguna convicción.

Sin el conocimiento, sin el material, ¿cómo voy a evaluar las cosas, cómo voy a trabajar?

No hay nada para dar un impulso en una dirección u otra.

No hay posibilidad de actuar conscientemente.

Lo primero que necesito para UNA ACCIÓN CONSCIENTE es una impresión de mí mismo, tanto cuando estoy solo, abierto a lo que soy, como cuando estoy en la vida, cuando trato de no olvidar esa impresión completamente y veo cómo me pierdo.

Esas dos clases de impresiones son mi mundo interior.

Hasta que no tenga una cierta cantidad de impresiones, no puedo ver más lejos, no puedo comprender más.

Consideramos las impresiones como algo muerto, fijas como una fotografía.

Pero con cada impresión recibimos una cierta cantidad de energía, algo viviente que actúa sobre nosotros, que nos anima.

Por un momento tengo una impresión de mí mismo que es completamente diferente de la manera en que me experimento en general.

De repente conozco algo real en mí, de una forma enteramente nueva, recibo algo, soy animado por eso.

Después lo pierdo, no lo conservo.

La impresión desaparece como si hubiese sido robada por un ladrón.

En el momento en que más necesito de ella para estar presente ante la vida, ya no tengo el apoyo para no perderme.

Empiezo a ver que las impresiones son un alimento.

Es una energía que se debe recibir y que debe ser contenida.

Necesito ver lo que me molesta y comprender por qué es tan difícil recibir una impresión.

No es porque no la quiera recibir.

Es porque no puedo.

Siempre estoy cerrada, cualquiera sean las circunstancias de la vida.

A veces, quizás por un chispazo, estoy abierta a la impresión.

Pero casi inmediatamente reacciono. 

La impresión se asocia automáticamente con otra cosa y se produce una reacción.

Uno aprieta un botón y acto seguido viene un pensamiento, una emoción o un gesto.

No lo puedo evitar, ni siquiera lo veo.

Mi reacción me ha separado de la impresión y de la realidad que ella representa.

Allí está la barrera, el muro. Al reaccionar, me cierro.

Lo que no veo es que pierdo todo contacto con la realidad una vez que mis funciones habituales están al mando.

Por ejemplo, siento que mi cuerpo está aquí.

Siento mi brazo izquierdo, tengo la impresión de mi brazo izquierdo.

Tan pronto esta impresión me alcanza, eso desata mi pensamiento, que me dice «el brazo..., el brazo izquierdo».

Y en el momento en que me lo digo, la pierdo.

Al pensar en el brazo, creo conocerlo.

Confío más en el pensamiento sobre el brazo que en su existencia real.

Pero el pensamiento sobre el brazo no es la realidad.

Es lo mismo para mi propia realidad.

Tengo la impresión de una vida en mí mismo,
pero tan pronto pienso «soy yo», la pierdo.

Tomo mi pensamiento por el hecho mismo.

Creo conocerlo y con esa credulidad, esa creencia en mi pensamiento, ya no tengo preguntas, ni interés para recibir esa impresión.

No puedo recibir las impresiones conscientemente.

En consecuencia, no me conozco.

Al mismo tiempo, necesito esto por encima de cualquier otra cosa.

Si no puedo recibir una impresión de mí misma, nunca tendré ese recuerdo, esa posibilidad de conocer lo que soy. 

El momento de recibir una impresión es el momento de volverse consciente.

Es el acto de ver.

Jeanne de Salzmann