sábado, 8 de agosto de 2015

SUJETO OBJETO Y LUGAR

GNOSIS
SUJEJTO OBJETO Y LUGAR
Por: samael aun weor

Incuestionablemente, lo que más importa en la vida es la realización íntima del Ser.

Alguna vez interro­gué a mi Divina Madre Kundalini, diciéndole:

¿El camino que ha de conducir hasta la resurrec­ción, es demasiado largo?

Ella me respondió:

No es que sea tan largo, lo que pasa es que hay que labrarlo, cincelarlo, trabajar duramente en la pie­dra filosofal.

Hay que darle a la piedra bruta la for­ma cúbica perfecta.

Nuestra divisa es THELEMA, es decir, voluntad.

Empecemos por despertar conciencia.

Obviamente, to­dos los seres humanos están dormidos y es necesario despertar para ver el camino.

Lo esencial es desper­tar aquí y ahora.

Desafortunadamente la gente duer­me; parece increíble, pero así es.

Andamos por las calles con la conciencia dormida.

Estamos en la casa, en el trabajo, en el taller, en la oficina, etc., con la conciencia profundamente dor­mida.

Manejamos el automóvil y vamos a la fábrica con la conciencia tremendamente dormida.

La gente nace, crece, se reproduce, envejece y muere con la conciencia dormida, y nunca sabe de donde viene ni cuál es el objeto de su propia exis­tencia; lo más grave es que todos creen que están despiertos.

Muchas personas, por ejemplo, se preocupan por sa­ber muchas cosas esotéricas, pero nunca se preocupan por despertar conciencia.

Si la gente se hiciera el propósito de despertar aquí y ahora, de inmediato po­dría conocer todo aquello que para ella son enigmas; y por eso es que existe el escepticismo, porque el escéptico es ignorante. Ignorancia es conciencia dor­mida.

EL ESCEPTICISMO

Ciertamente, debo decirles a ustedes en nombre de la verdad que existe el escepticismo por la igno­rancia y que el día en que el hombre deje de ser ig­norante y despierte conciencia, de hecho desaparecerá el escepticismo, porque ignorancia equivale a escepti­cismo y viceversa.

Nuestra doctrina ciertamente no es la de convencer escépticos, porque si hoy convencemos a 100 escépti­cos, mañana aparecerán diez mil y si convencemos a los diez mil, aparecerán cien mil y así no terminaría­mos nunca.

El sistema para conseguir la realización íntima del Ser es cuestión de "trabajos conscientes" y "padeci­mientos voluntarios", pero es necesaria la continuidad de propósitos en los 3 factores de la revolución de la conciencia. 

Lógicamente, para lograr el despertar de la conciencia se necesita morir de instante en ins­tante, de momento en momento.

El hombre dormido en presencia de una copa de licor termina borracho.

Cuando el hombre dormido se encuentra en presencia del sexo opuesto, termina fornicando.

El dormido se identifica con todo cuanto le rodea y se olvida de si mismo.

Me viene en este momento a la memoria el caso insólito de Piotr Damianovich Ouspensky, quien cuan­do caminaba por las calles de San Petersburgo se ha­bía propuesto no olvidarse ni un instante siquiera de sí mismo.

De momento en momento se estaba recor­dando, dice que hasta veía un aspecto espiritual en todas las cosas, como que se sentía transformado y aumentaba su lucidez de tipo espiritual, etc.

Sin em­bargo, sucedió algo muy curioso...

De pronto sintió la necesidad de entrar a una cigarrería a mandar a preparar sus tabacos.

Ciertamente, después de que ya lo atendieron y le despacharon su pedido de cigarros salió muy tranquilamente fumando a lo largo de una avenida y anduvo por distintos lugares de San Peters­burgo, recordando distintas cosas, ocupado en diversos asuntos intelectuales, etc., es decir, llegó a absorberse en sus propios pensamientos.

Hora y media más tarde estaba en su casa.

De pronto observó bien su habitación, su cuarto de dor­mir, su sala, su escritorio, etc, y recordó que se ha­bía dormido, que había andado por muchos lugares con la conciencia despierta y que al entrar a la ciga­rrería sus buenas intenciones de permanecer despierto se habían reducido a polvareda cósmica.

Lamentó el caso.

Desde la cigarrería tardó hora y media para llegar a su casa, todo ese tiempo lo pasó por las calles de dicha ciudad con la conciencia totalmente dormida.

Vean ustedes cuán difícil es permanecer uno de instante en instante, de momento en momento y de segundo en segundo con la conciencia despierta, y eso es lo primero: no olvidarse uno de sí mismo ni un solo instante, si es que tiene anhelos verdaderos de despertar.

Llegue uno a donde llegue, a cualquier sala, ande por las calles a pie o en carro, recorra lugares de día o de noche, esté donde esté, sea en su trabajo o en el taller, donde sea, tiene que estarse recordan­do a si mismo.

En presencia de cualquier objeto her­moso, de cualquier vitrina donde se exhiban cosas muy hermosas, joyas muy preciosas, etc., tiene uno que no olvidarse de sí mismo, no identificarse con nada de todo aquello que lo fascine o le guste.

SUJETO

Hay necesidad pues de estarse recordando siempre a sí mismo, no solamente en lo físico, sino vigilando sus propios pensamientos, sentimientos, emociones, deducciones, apetencias, temores, anhelos, etc., etc., etc, y otras tantas cosas.

OBJETO

El segundo aspecto que me parece bastante intere­sante, mis caros hermanos, es no identificarse con las cosas, como ya lo dijimos.

Si vosotros veis un hermoso objeto, un traje en la vitrina, una exposición de algo o una exhibición de lo que sea, como un auto­móvil muy bello o unos zapatos nunca vistos, un ani­mal raro o un elefante - que vuela o un camello que aparece en el medio de la sala, etc., lo fundamental es estar vigilantes y no identificarse con nada, saber distinguir entre lo normal y lo anormal, pues lo pri­mero que tiene uno que hacer es reflexionar.

No identificarse con el objeto, la cosa o criatura que está viendo, porque si uno se identifica con lo que está viendo, con la representación que tiene ante sus ojos físicamente, entonces sucede que se queda fascinado, es decir, de la identificación pasa a la fascinación y queda uno encantado, maravillado, iden­tificado, se olvida de sí mismo y luego cae en el sueño profundo de la conciencia.

Con ese proceder equivocado, dejándose fascinar tontamente, lo único que se consigue es que la con­ciencia siga dormida, mis caros hermanos, y eso es muy grave, gravísimo, gravísimo, gravísimo.

LUGAR

Me viene en estos momentos a la memoria un re­cuerdo insólito:

Hace muchísimos años, cuando yo es­taba por allá en los países de Suramérica caminando el mundo, como dicen, porque yo siempre anduve pa­ra un lado y para otro, sucedió que una noche cual­quiera me vi a mí mismo atravesando un jardín, luego llegué a una sala, la atravesé y por último pasé a una oficina de abogado.

Allí vi a una señora de cier­ta edad, algo canosa, muy simpática, que sentada al pie de un escritorio me recibió, luego se puso de pie para darme la bienvenida.

De pronto, observé que sobre el escritorio había dos mariposas de vidrio; bueno, eso no tiene nada de raro, ver dos mariposas, ¿verdad?

Pero lo interesante era que las dos mariposas tenían vida propia, movían sus alas, sus cabecitas, sus patitas, ¿eso sí es raro verdad?

Eso era algo insólito y extraño, un par de mariposas de vidrio con vida; pues no es normal, cla­ro que no es natural mis caros hermanos, eso ya es raro, es un caso de ponerle mucho cuidado.

Pues bien, ¿saben ustedes lo que hice yo?

No me identifiqué con el par de mariposas, únicamente reflexioné, me dije a mí mismo:

¿Cómo es posible que haya en el mundo mariposas con alas de vidrio, con cuerpo de vidrio, patas de vidrio, cabeza de vidrio y que respiren y tengan vida propia como las naturales?

Así reflexioné, mis caros hermanos. ¿Qué tal que yo me hubiera identificado con las mariposas sin hacer ningún análisis, sin reflexionar en las tales mariposas de vidrio?, ¿qué les parece que yo me hubiera fascinado, me hubiera encantado y hubiera caído en la in­consciencia?

Pues eso hubiera sido insensato, ¿verdad?

Pero yo reflexioné, me dije a mi mismo:

No, esto está extraño, esto está muy raro, imposible que haya esta clase de criaturas en el mundo físico, no, no, no, esto no es normal, aquí hay gato enmochilado, aquí hay algo raro.

Esta clase de fenómenos, que yo sepa, no existe en el mundo tridimensional, esto sólo es posible en el mundo astral, a no ser que yo esté en el astral.

¿Será que estoy en el mundo astral?

Entonces me pregunté a mí mismo:

¿Será que yo estoy dormido, será que he dejado mi cuerpo físico en algún lugar?

Pues esto está muy raro y para salir de dudas voy a dar un saltito con la intención de flotar, a ver si es que estoy en astral o a ver qué es lo que pasa.

Así me dije, hermanos, con toda con­fianza les digo a ustedes que así procedí; claro, tenía que proceder así y no de otra manera, ¿verdad?

Pero me daba como pena ir a dar un salto ahí, delante de esa señora.

Entonces me dije a mí mismo: esta seño­ra puede creer que estoy pasado de maracas, dando saltos aquí en su oficina; aunque todo era tan normal, un escritorio como cualquiera, la silla donde se sen­taba la señora era de esas que giran de un lado para otro, había dos candelabros en aquel despacho, ahora que recuerdo, uno a la derecha y otro a la izquierda, parecían de oro macizo.

Esto lo recuerdo con mucha exactitud, mis caros hermanos, aunque ya hace mucho tiempo, muchos años.

Sin embargo, recuerdo que los candelabros eran de siete brazos; pues yo estaba muy joven en aquella época.

Bien, hablando aquí con toda confianza, yo no hallaba nada extraño en ese consultorio, todo era co­mo normal en aquel despacho, pero al poner la vista en las mariposas, era lo único realmente raro.

Por lo demás, yo decía:

Esta señora nada tiene de extraño, es tan normal como todas las señoras del mundo, pe­ro estas mariposas me tienen intrigado, eso de que tengan vida propia está muy raro.

Bueno, sea como sea, resolví salirme de ahí y entonces lo hice con la intención de dar el saltito, ¿entienden?

Claro, tenía que dar alguna disculpa a la señora; le pedí permiso, le dije que necesitaba salir un momento y salí de allí.

Ya fuera del corredor y seguro de que nadie me estaba observando, di un salto alargado con la inten­ción de flotar...

Y que tal si les digo a ustedes lo que sucedió, pues sinceramente les cuento que inmediatamente quedé flotando en el ambiente circundante.

Claro está que me sentí delicioso, mis caros herma­nos, delicioso.

Me dije entonces a mí mismo: estoy en cuerpo astral, aquí ya no hay ni la menor duda.

Recordé que había dejado mi cuerpo físico dormido en la cama hacía unas cuantas horas y que moviéndo­me por ahí en el astral había llegado hasta allí, a aquel despacho.

Regresé al despacho aquel, me senté nuevamente ante la señora y le hablé con mucho respeto, le dije:

Vea señora, nosotros estamos en cuerpo astral.

La señora apenas me miró con ojos como de sonámbula, extrañada.

No me entendió, no me comprendió.

Sin embargo, yo quise aclararle un poco y le dije: Seño­ra, recuerde que usted se acostó a dormir hace unas cuantas horas, así pues no se le haga raro lo que le estoy diciendo.

Su cuerpo físico está dormido en la cama y usted está aquí en astral, está platicando conmigo...

Pero definitivamente aquella señora no entendió, estaba profundamente dormida, tenía la conciencia dormida.

Viendo que todo era inútil, comprendiendo que no despertaría ni a cañonazos a esa pobre señora que jamás se había dedicado a esta labor de desper­tar conciencia, pues francamente mis caros hermanos resolví pedirle disculpas y me fui.

Bueno, como cosa curiosa quiero contarles a uste­des que muchos años después, tal vez unos 30 años o más, tuve que viajar a Taxco, Guerrero.

Taxco es un pueblo muy hermoso situado sobre una ladera y construido al estilo colonial.

Sus calles están empe­dradas como en la época de la colonia y es muy rico por cierto, tiene muchas minas de plata y se venden objetos y joyas muy hermosos de plata.

Yo tenía que viajar a aquel lugar porque había al­guien a quien yo le estaba haciendo algunos remedios, pues quería curarse y que yo le ayudara en el proce­so de la curación; era un pobre paciente muy enfer­mo...

Bien, llegué a una casa, atravesé el jardín y llegué a la sala, la que reconocí de inmediato.

Había allí una señora, la miré y la reconocí, la misma que había visto muchos años atrás en astral, detrás del es­critorio, a excepción de que esta vez estaba ella en la sala.

Me invitó a pasar un poco más adelante y encontré el famoso despacho de abogado, donde hacía tantos años yo había llegado en astral.

Ahora en vez de es­tar la señora en el escritorio, estaba su marido, un hombre más bien educado y dedicado a la abogacía sin título, en algunas partes les llaman tinterillos; bueno, llámenlo como sea.

Lo cierto fue que él esta­ba sentado allí, en dicho despacho.

Se paró para dar­me la bienvenida y luego me hizo sentar frente a su escritorio.

Reconocí inmediatamente el despacho y reconocí a la señora.

Entonces sucedió que como a aquel hombre le gustaban un poco estos estudios de tipo espiritual, plati­camos y dialogamos un rato sobre estos asuntos, por­que a él le gustaba todo lo que se tratara de estu­dios esotéricos.

Luego lo sorprendí un poco cuando le dije:

-Señor, yo estuve aquí hace ya algún tiempo.

Estu­ve en cuerpo astral, fuera del cuerpo físico y usted sabe que uno se mueve, anda y va de un lugar a otro -el señor ya conocía un poco de estas cosas y no se le hizo raro-.

Luego le dije:

-Vea, en este escritorio habían dos mariposas de vidrio. ¿Qué pasa, dónde están las mariposas?

Entonces rápidamente me contestó:

-Aquí están las mariposas, aquí mismo, véalas usted.

Levantó unos periódicos que habían encima del escri­torio y ciertamente ahí estaban, dos mariposas muy bellas de vidrio...

Claro, se quedó muy sorprendido de que yo conociera esas mariposas.

Luego le dije:

-Pero falta algo más.

Yo estoy viendo un candela­bro de siete brazos, pero son dos. ¿Dónde está el otro, qué se hizo?

-Aquí está el otro, véalo aquí -me respondió el se­ñor del despacho-.

Quitó unos papeles y periódicos que había allí y ciertamente sacó el otro candela­bro, apareció para confirmar aún más mis aseveracio­nes.

Claro, el hombre llegó al asombro.

Luego le dije:

-Sepa usted que yo a su señora la conozco, pero cuando yo vine aquí su señora estaba en el escrito­rio -bueno, maravillado quedó el señor-.

A la hora de la cena nos sentamos todos alrededor de una mesa redonda y entonces sucede algo verdade­ramente inusitado: aquella señora me dice allí, en presencia del mismo señor:

-Yo lo conozco a usted hace mucho tiempo, no sé exactamente dónde lo he visto..., pero yo lo he visto antes en algún lugar. De todas maneras usted no es una persona desconocida para mí.

Inmediatamente codié yo al señor y le dije:

-¿Se da usted cuenta?

¿Se ha convencido usted de mis palabras?

Bueno, el asombro de aquel hombre llegó al máxi­mo.

Desafortunadamente, y eso si es muy grave, mis queridos hermanos, aquel hombre estaba tan agarrado por su secta, dijéramos, de tipo romanista, que fran­camente no entró en el camino por eso, por la cues­tión sectaria.

¡Ah!, si no, hubiera venido al camino, porque yo le di pruebas extraordinarias, pruebas que para él fueron contundentes y definitivas, pues quedó asombrado para siempre, ¿no?

Lamentablemente su religión no lo dejaba, lo con­fundía y se enredaba en todos aquellos dogmas de ti­po religioso, etc., etc., etc.

Bueno, han pasado ya muchos años, sin embargo, yo no he podido dejar de relatarles a ustedes este acontecimiento.

Así pues, recomiendo "división de la atención en tres partes":

1- SUJETO, o sea uno mismo. No olvidarse de sí mismo ni un solo instante.

2- OBJETO: observar todas las cosas, como el caso que les he contado de las mariposas.

Qué tal que en este mismo momento de estar ustedes leyendo este libro llegara una persona que ya murió hace muchos años y les hablara.

Seria usted tan ingenuo o ingenua, estarían tan distraídos como para no preguntarse a sí mismos: ¿Qué es esto? ¿Será que estoy en astral? ¿Sería usted tan despreocupado de no hacer el experimento y dar el saltito?

Bueno pues, no olvi­den que cualquier detalle, por insignificante que sea, debe ser motivo como para hacer ese tipo de reflexiones.

Todo debe ser estudiado detenida­mente y uno debe preguntarse a sí mismo: ¿Por qué estoy aquí?

3- LUGAR: uno no debe vivir inconsciente.

Cuando lleguemos a tal o cual lugar, debemos observarlo detalladamente, muy minuciosamente y preguntarse a sí mismo: ¿Por qué estoy yo aquí en este lugar?

Y a propósito: Usted que está leyendo este libro, dígame, ya se preguntó ¿por qué está ahí en ese lugar donde se encuentra leyendo? ¿Ya se torno la molestia de observar su lugar, el techo o las paredes, o el espacio que le rodea? ¿Ya observó el piso o el sitio, arriba, abajo o a los lados atrás de usted o hacia adelante? ¿Ya miró usted (y si hay varias personas), ya miraron las paredes y su alrededor para hacerse la pregunta? ¿Dónde están? ¿Y si no se la han hecho, qué tal, eh? Está usted leyendo acaso inconsciente­mente este libro? Es claro que uno nunca debe vivir inconsciente, hállese donde se halle, encuén­trese donde se encuentre, en una casa, en la ca­lle, en un templo o en un taxi, o en el mar o en un avión, etc. Donde sea, donde esté y como esté, lo primero que tiene uno que preguntarse a sí mis­mo es: ¿Por qué estoy en este lugar?

Mirar en detalle todo cuanto le rodea, el techo, las paredes, el piso.

Esa observación no es sola­mente para el parque, la casa o el lugar descono­cido, sino que uno debe mirar su casa diariamente cada vez que entre en ella y a todo momento, como si fuera algo nuevo o desconocido.

Debe también preguntarse: ¿Por qué estoy en esta casa? Qué curioso, y mirar el techo y las paredes y el suelo y los patios, etc., todo en de­talle, para hacerse la pregunta: ¿Por qué estoy en este sitio? ¿Será que estoy en astral? Y dar un saltito así como alargado con la intención de flotar.

Si la persona no flota, pero presiente que puede estar en cuerpo astral, entonces súbase a una silla o a una mesa no muy alta, un asiento, un cajón o algo por el estilo y dé un saltito para ver si así flota, porque hay veces que uno da el saltito alargado y sin embargo no flota, entonces lo me­jor es subirse sobre algo que le permita saltar y experimentar si flota tirándose al aire con la in­tención de volar.

Es claro que si está en astral queda flotando y si no, pues todo queda igual.

No olvidar: SUJETO - OBJETO – LUGAR (división de la atención en tres partes).

Si uno se acostumbra a vivir siempre con la aten­ción dividida en esas tres partes: sujeto, objeto y lu­gar, se acostumbra a hacerlo diariamente y a todo momento, de instante en instante y de segundo en segundo, pues esa costumbre se graba profundamente en la conciencia y por la noche, al estar ustedes dormidos, resultan haciendo el ejercicio lo mismo que lo hacen en el físico, entonces el resultado es el des­pertar de la conciencia.

Ustedes saben que mucha veces resulta uno hacien­do en la noche lo mismo que está acostumbrado a hacer en el día.

Muchos, por ejemplo, están trabajan­do durante el día en la fábrica, o de vendedores am­bulantes, o en la oficina, y por la noche se ven tra­bajando durante el sueño, haciendo exactamente lo mismo que hacen durante el día, sueñan que están en la fábrica, vendiendo o en la oficina, etc.

Es claro que todo lo que uno haga en el día, lo hace en la no­che, es decir, resulta soñándolo en la noche.

Es cuestión, pues, de hacer la práctica durante el día, a todas horas, en todo momento o segundo, para lograr hacerla en la noche y despertar conciencia.

Es claro que cuando toda persona está dormida la esencia está lejos del cuerpo; entonces sucede que estando fuera del cuerpo o en astral, resulta repitien­do lo mismo que hace en el día. Y ¿qué tal? Uno despierta automáticamente, porque la práctica del ejercicio le da chispa a uno, queda despierto.

Ya es­tando uno despierto en astral, puede invocar a los Maestros, llamar al Ángel Anael, por ejemplo, o a Adonai, el hijo de la luz y de la alegría, o al Maes­tro Kuthumi, para que vengan a instruirlo a uno, a enseñarle, etc., etc., etc., mis caros hermanos.

Lo mismo pueden llamar a cualquier otro Maestro, a Morya, al Conde San Germán, etc., etc., etc. y los que me invoquen a mi, samael aun weor, pueden estar seguros de que yo concurro al llamado, eso si estén seguros.

Así pues, les doy el sistema para recibir la ense­ñanza directamente y si quieren recordar las vidas pasadas, invoquen a los Maestros de la Logia Blanca, a Kuthumi, Hilarión, Morya, etc., y pídanles que ten­gan la amabilidad, la bondad de hacerles recordar sus existencias anteriores, hacerles revivir sus vidas pasa­das. Pueden estar ustedes seguros de que el Maestro les concederá su petición.

Este sistema que les doy a todos ustedes es para que reciban el conocimiento directo. Pueden viajar también al Tibet Oriental, pueden ir también al fondo de los mares, inclusive a otros planetas si quieren...

Así pues, este es el camino para recibir los conoci­mientos directos.

Por este motivo es que yo les digo: Despierten mis caros hermanos, despierten, despierten, no continúen así viviendo esa vida de inconscientes, de dormidos.

Eso es muy triste, mis caros hermanos.

Vean ustedes los dormidos cómo andan, inconscientes en el astral y después de la muerte siguen dormidos, inconscientes, soñando tonterías.

Nacen sin saber a qué hora, mueren sin saber a qué hora.
                                  
Yo no quiero que ustedes sigan así, en esa inconsciencia tan terri­ble.

Quiero que ustedes despierten.

samael aun weor



jueves, 6 de agosto de 2015

EL MUNDO DE RELACIONES

GNOSIS
EL MUNDO DE RELACIONES
Por: samael aun weor

El mundo de relaciones tiene tres aspectos muy diferentes que en forma precisa necesitamos aclarar.

Primero: Estamos relacionados con el cuerpo planetario. Es decir con el cuerpo físico.

Segundo: Vivimos en el planeta Tierra y por secuencia lógica estamos relacionados con el mundo exterior y con las cuestiones que atañen a nosotros, familiares, negocios, dineros, cuestiones del oficio, profesión, política, etc., etc., etc.
Tercero: La relación del hombre consigo mismo. Para la mayoría de las gentes este tipo de relación no tiene la menor importancia.

Desafortunadamente a las gentes sólo les interesan los dos primeros tipos de relaciones, mirando con la más absoluta indiferencia el tercer tipo.

Alimento, salud, dinero, negocios, constituyen realmente las principales preocupaciones del "Animal Intelectual" equivocadamente llamado "hombre".

Ahora bien: Resulta evidente que tanto el cuerpo físico como los asuntos del mundo son exteriores a nosotros mismos.

El Cuerpo Planetario (cuerpo físico), a veces se encuentra enfermo, a veces sano y así sucesivamente.

Creemos siempre tener algún conocimiento de nuestro cuerpo físico, más en realidad ni los mejores científicos del mundo saben mucho sobre el cuerpo de carne y hueso.

No hay duda de que el cuerpo físico dada su tremenda y complicada organización, está ciertamente mucho más allá de nuestra comprensión.

En lo que respecta al segundo tipo de relaciones, somos siempre víctimas de las circunstancias; es lamentable que todavía no hayamos aprendido a originar conscientemente las circunstancias.

Son muchas las gentes incapaces de adaptarse a nada o a nadie o tener éxito verdadero en la vida.

Al pensar en sí mismos desde el ángulo del trabajo esotérico Gnóstico, se hace urgente averiguar con cual de estos tres tipos de relaciones estamos en falta.

Puede suceder el caso concreto de que estemos equivocadamente relacionados con el cuerpo físico y a consecuencia de ello estemos enfermos.

Puede suceder que estemos mal relacionados con el mundo exterior y como resultado tengamos conflictos, problemas económicos y sociales, etc., etc., etc.

Puede que estemos mal relacionados consigo mismos y que Secuencialmente suframos mucho por falta de iluminación interior.

Obviamente si la lámpara de nuestra recámara no se encuentra conectada a la instalación eléctrica, nuestro aposento estará en tinieblas.

Quienes sufren por falta de iluminación interior, deben conectar su mente con los Centros Superiores de su Ser.

Incuestionablemente necesitamos establecer correctas relaciones no solo con nuestro Cuerpo Planetario (cuerpo físico) y con el mundo exterior, sino también con cada una de las partes de nuestro propio Ser.

Los enfermos pesimistas cansados de tantos médicos y medicinas, ya no desean curarse y los pacientes optimistas luchan por vivir.

En el Casino de Montecarlo muchos millonarios que perdieron su fortuna en el juego, se suicidaron. Millones de madres pobres trabajan para sostener a sus hijos.

Son incontables los aspirantes deprimidos que por falta de poderes psíquicos y de iluminación intima, han renunciado al trabajo esotérico sobre sí mismos. Pocos son los que saben aprovechar las adversidades.

En tiempos de rigurosa tentación, abatimiento y desolación, uno debe apelar a la íntima recordación de sí mismo.

En el fondo de cada uno de nos está la TONANTZIN Azteca, la STELLA MARIS, la ISIS Egipcia, Dios Madre, aguardándonos para sanar nuestro adolorido corazón.

Cuando uno mismo se da el choque del "Recuerdo de Sí", se produce realmente un cambio milagroso en todo él trabajo del cuerpo, de modo que las células reciben un alimento diferente.

samael aun weor


lunes, 13 de abril de 2015

QUÉ SIGNIFICA RECORDARSE

QUÉ SIGNIFICA RECORDARSE

Recordarse significa lo mismo que ser consciente de uno mismo: "yo soy".

A veces sucede por sí mismo; es una sensación muy extraña.

No es una función, no es pensar, no es sentir; es un diferente estado de consciencia.

Por si, sucede sólo durante momentos muy breves, por lo general en ambientes enteramente nuevos, y uno se dice:

"¡Qué extraño! yo estoy aquí".

Esto es recordarse; en este momento usted se recuerda.

Después, cuando empieza a distinguir estos momentos, llega a otra interesante conclusión: comprende que lo que recuerda de la infancia son sólo vislumbres del recuerdo de sí, porque todo lo que conoce de los momentos corrientes es que las cosas han sucedido.

Usted sabe que estuvo allí, pero no recuerda nada con exactitud; pero si este destello sucede, entonces usted recuerda todo lo que rodeaba este momento.

Ouspensky


domingo, 8 de febrero de 2015

EL RECUERDO DE SI Y LA MEMORIA

EL RECUERDO DE SI Y LA MEMORIA

En el lenguaje ordinario la palabra consciencia se utiliza muy a menudo como equivalente de la palabra inteligencia (en el sentido de actividad mental) o como alternativa de esta.

En realidad, la consciencia es una forma particular de “darse cuenta”, en el hombre, darse cuenta de sí mismo, darse cuenta de quién es él, de lo que siente o piensa o de dónde se encuentra por el momento.

Por lo que respecta a nuestra memoria ordinaria, o momentos de memoria, realmente recordamos sólo momentos de consciencia, aunque no veamos que esto es así.

Más tarde explicaré lo que significa la memoria en sentido técnico.

Ahora simplemente quiero que dirijan la atención a sus propias observaciones de su memoria.

Notaran que recuerdan las cosas de un modo diferente: algunas cosas las recordarán bastante vívidamente, algunas muy vagamente y otras no las recordarán en absoluto.

Solamente saben que sucedieron.

Esto significa, por ejemplo, que si saben que hace algún tiempo fueron a un lugar concreto para hablar con alguien, pueden recordar dos o tres cosas conectadas con su conversación con esta persona; pero puede que no recuerden en absoluto cómo llegaron allí o cómo regresaron.

Pero si les preguntan si se acuerdan de cómo llegaron allí y cómo regresaron dirán que lo recuerdan con claridad, cuando, en realidad, simplemente conocen el hecho y saben dónde fueron; pero no lo recuerdan, con la posible excepción de dos o tres chispazos.

Se quedarían asombrados si descubrieran lo poco que en realidad recuerdan.

Y esto sucede así porque solamente se memorizan los momentos en los que eran conscientes.

Comprenderán mejor lo que quiero decir si retroceden mentalmente todo lo que puedan a su temprana infancia, o en todo caso a algo que pasó hace mucho tiempo.

Entonces se darán cuenta de lo poco que realmente recuerdan y cuanto de ello afecta a lo que simplemente saben u oyen que ha sucedido.

Por lo que respecta al tercer estado de consciencia, podemos decir que el hombre tiene momentos ocasiónales de auto-consciencia, pero no manda sobre ellos.

Ellos van y vienen solos, siendo controlados por las circunstancias externas y por asociaciones o emociones ocasiónales.

Se plantea la cuestión: ¿es posible adquirir dominio sobre estos fugaces momentos de consciencia para evocarlos más a menudo y para mantenerlos durante más tiempo, o incluso para hacerlos permanentes?

En realidad, la adquisición de la auto consciencia significa trabajo largo y duro.

¿Cómo puede un hombre estar de acuerdo con este trabajo si piensa que ya posee la misma cosa que se le promete como el resultado de largo y duro trabajo?

Naturalmente, un hombre no comenzará esta tarea y no la considerara necesaria hasta que se convenza de que ni posee auto consciencia ni nada que se le parezca conectado con ella; es decir, unidad o individualidad, “yo” permanente y voluntad.

Con el objeto de entender los siguientes párrafos debe tenerse en cuenta que el punto de vista general de que el hombre tiene sólo una mente (la mente intelectual) es erróneo.

En realidad, el sistema nervioso se divide de acuerdo con las funciones del cuerpo, y cada división tiene su propia mente.

Debemos encontrar la razón por la cual no podemos desarrollarnos más rápidamente sin un largo periodo de trabajo escolar.

Sabemos que cuando aprendemos algo acumulamos material nuevo en nuestra memoria.

Pero, ¿qué es la memoria?

Y ¿qué es material nuevo?

Para entender esto debemos aprender a considerar cada centro como una máquina separada e independiente, consistente en materia sensible que, debido a su función, es similar a la materia de la que están hechos los registros de grabación.

Todo lo que nos sucede, todo lo que vemos, todo lo que oímos, todo lo que sentimos, todo lo que aprendemos, está registrado en estas grabaciones.

Esto significa que todos los acontecimientos externos e internos dejan ciertas impresiones en los discos.

“Impresiones” es una palabra bastante buena porque realmente son impresiones o imprimaciones lo que queda.

Una impresión puede ser profunda, o puede ser ligera, o puede ser simplemente una impresión efímera que desaparece rápidamente sin dejar rastro detrás de sí.

Pero ya sea una impresión profunda o ligera sigue siendo una impresión.

Y estas impresiones grabadas son todo lo que tenemos, todas nuestras posesiones.

Todo lo que sabemos, todo lo que hemos aprendido, todo lo que hemos experimentado, todo está allí en nuestras grabaciones.

Exactamente del mismo modo nuestros procesos mentales, cálculos y especulaciones consisten únicamente en comparar nuestras grabaciones unas con otras, oírlas una y otra vez, intentando comprenderlas a base de juntarlas, y así sucesivamente.

No podemos pensar en nada nuevo, nada que no esté en nuestras grabaciones.

No podemos decir ni hacer nada que no se corresponda con algo que no esté en las grabaciones.

No podemos inventar un pensamiento nuevo, igual que no podemos inventar un nuevo animal, porque todas nuestras ideas de animales son creadas a partir de nuestra observación de los animales existentes.

Las impresiones de nuestras grabaciones están conectadas mediante asociaciones.

Las asociaciones conectan impresiones recibidas simultáneamente o semejantes entre sí de alguna manera.

Desde el momento en que la memoria depende de la consciencia, y ya que realmente sólo recordamos los momentos en los que tuvimos chispazos de consciencia, queda bastante claro que las impresiones simultaneas diferentes conectadas entre sí permanecerán durante más tiempo en la memoria que las impresiones inconexas.

En el chispazo de auto consciencia, o incluso cerca de este, todas las impresiones del momento se conectan y permanecen así en la memoria.

Lo mismo se puede decir de las impresiones conectadas por su similitud interna.

Si estamos más conscientes en el momento de recibir una impresión, conectamos esta impresión más claramente con impresiones anteriores similares, y así permanecen conectadas en la memoria.

Por otra parte, si recibimos impresiones en un estado de sueño, simplemente no nos damos cuenta de ellas y su rastro desaparece antes de que puedan ser apreciadas o asociadas.

En una de sus reuniones se le preguntó a Ouspensky si todas las impresiones de nuestras grabaciones se forman en esta vida o si nacemos con algunas.

El contesto:

Las impresiones del centro instintivo nacen con nosotros; están ya allí, y también hay unas pocas cosas en el centro emocional.

El resto se produce en esta vida; en los centros del movimiento e intelectual todo ha de ser aprendido.

Para comprender más claramente lo que voy a decir deben intentar recordar que nosotros no tenemos control sobre nuestra consciencia.

Cuando digo que podemos volvernos más conscientes, o que un hombre puede ser llamado a la consciencia por un momento simplemente con preguntarle si es consciente o no, he usado las palabras “consciente” y “consciencia” en sentido relativo.

Hay muchos grados de consciencia, y cada nivel más alto significa más consciente en relación con un nivel más bajo.

Pero aunque no tengamos control sobre la consciencia misma, tenemos un cierto control sobre nuestro pensamiento acerca de la consciencia, y podemos construir nuestro pensamiento de forma tal que produzcamos consciencia.

Lo que quiero decir es que si damos a nuestros pensamientos la dirección que podrían tener en un momento de consciencia, podemos de esta forma inducir a la consciencia.

Ahora intente expresar lo que percibe cuando pretende observarse a sí mismo.

Debe notar tres cosas.

Primero, que no se recuerda a sí mismo, es decir, no es consciente de sí mismo al tiempo que intenta observarse.

Segundo, esa observación se hace difícil por la incesante corriente de pensamientos, imágenes, ecos de conversaciones, fragmentos de emociones que flotan por su mente y que muy a menudo distraen su atención de la observación.

Y en tercer lugar, que tan pronto como comienza la auto observación algo en usted comienza a imaginar, y la auto observación (si es que realmente se había puesto a intentarlo) se convierte en una lucha constante con la imaginación.

Y este es el punto clave en el trabajo sobre uno mismo.

Si se da cuenta de que todas las dificultades en el trabajo dependen del hecho de que no puede recordarse a sí mismo, ya sabe lo que debe hacer.

Debe intentar recordarse a sí mismo.

Con el objeto de lograrlo, debe luchar con los pensamientos mecánicos y debe luchar contra la imaginación.

Si se hace esto concienzudamente y con persistencia se verán los resultados en un tiempo comparativamente corto.

Pero no debe pensarse que es fácil o que se puede dominar esta práctica inmediatamente.

El recordarse a uno mismo, como es denominado, es difícil de aprender a practicar.

No se debe estar a la expectativa de los resultados, porque de otro modo uno se encontrará perdido pensando en sus propios esfuerzos.

Debe estar basado en la consciencia del hecho de que no nos recordamos a nosotros mismos y de que, al mismo tiempo podemos recordarnos a nosotros mismos si ponemos el suficiente empeño en la dirección correcta.

No podemos volvernos conscientes a voluntad, en el momento en que lo deseemos, porque no tenemos mandato sobre los estados de consciencia.

Pero podemos recordarnos a nosotros mismos durante un corto tiempo a voluntad, porque tenemos un cierto mandato sobre nuestros pensamientos.

Y si comenzamos a recordarnos a nosotros mismos por la construcción especial de nuestros pensamientos, es decir, por la consciencia de que no nos recordamos a nosotros mismos, de que nadie se recuerda a sí mismo, y tomando consciencia de lo que esto significa, esta realización nos llevara a la consciencia.

Debe comprender que hemos encontrado el punto débil en el muro de nuestra mecanicidad, éste es el conocimiento de que no nos recordamos a nosotros mismos y la realización de que podemos intentar recordarnos a nosotros mismos.

Con el entendimiento de la necesidad de un cambio real en nosotros mismos, la posibilidad de trabajar comienza.

Más tarde aprenderán que la práctica de recordase a uno mismo, conectada con la auto observación y con la lucha contra la imaginación, no tiene sólo un significado psicológico, sino que también cambia la parte más sutil de nuestro metabolismo y produce en nuestro cuerpo efectos químicos, quizá mejor sería decir alquímicos, definidos.

Así que de la psicología llegamos a la alquimia; a la idea de la transformación de elementos toscos en otros más finos.

Dijo Ouspensky:

. .. todo lo que mis intentos en auto recuerdo me han mostrado me convenció muy pronto de que me estaba enfrentando con un problema enteramente desconocido con el cual no se habían encontrado, hasta entonces, ni la ciencia ni la filosofía

Observé que el problema consistía en dirigir la atención hacia uno mismo sin debilitar u obliterar la atención dirigida hacia algo más.

Por otra parte, este “algo más” podría estar tanto dentro como fuera de mí.

Los primerísimos intentos... me mostraron que esto era posible.

Al mismo tiempo, vi claramente dos cosas.

En primer lugar, que el auto recuerdo resultante por este método no tenía nada en común con el “sentimiento de uno mismo”, o “auto análisis”.

Se trataba de un estado muy interesante, con un aroma extrañamente familiar.

En segundo lugar, me di cuenta de que en la vida también tienen lugar momentos de auto recuerdo, aunque más raramente.

Solo la deliberada producción de estos momentos creaba la sensación de novedad.

En realidad me eran familiares desde la más temprana infancia.

O bien llegaban en entornos nuevos e inesperados, en un sitio nuevo, entre nueva gente en un viaje, cuando de repente uno mira a su alrededor y dice: ¡qué extraño! yo y en este lugar; o bien en momentos especialmente emocionales, en momentos de peligro, en momentos en los que es necesario mantener la cabeza, cuando uno oye su propia voz y se ve y se observa a sí mismo desde el exterior.

Vi claramente que mis primeros recuerdos, que en mi caso eran muy tempranos, habían sido momentos de auto recuerdo.

Esta última realización me reveló muchas más cosas.

Por ejemplo, vi que en realidad únicamente recuerdo aquellos momentos del pasado en los cuales me recordaba a mí mismo.

De los otros solamente sabía que habían tenido lugar.

No soy capaz de revivirlos completamente, de experimentarlos de nuevo.

Pero los momentos en los que me había recordado a mí mismo estaban vivos y no eran de ninguna manera diferentes del presente.

Aun tenía miedo de llegar a las conclusiones.

Pero ya veía que me hallaba ante el umbral de un gran descubrimiento.

Siempre me había dejado atónito la debilidad e insuficiencia de nuestra memoria.

Tantas cosas que desaparecen.

Por una u otra razón para mí consistía en el mayor absurdo de la vida.

¿Por qué tanta experiencia sólo para olvidarla más tarde?

Además, había en este hecho algo degradante.

Un hombre siente algo que le parece muy importante, piensa que nunca lo olvidará; pasan uno o dos años y nada de aquello permanece.

Ahora se hace claro para mí por qué esto era así y por qué no podía ser de otra manera.

Si realmente nuestra memoria solamente mantiene vivos momentos de auto recuerdo, está claro por qué nuestra memoria es tan pobre...

A veces, el auto recuerdo no tenía éxito; otras veces iba acompañado por curiosas observaciones.

Cierta vez iba caminando por la Liteiny hacia la Nevsky, y a pesar de todos mis esfuerzos era incapaz de mantener mi atención en el auto recuerdo.

El ruido, el movimiento, cualquier cosa me distraía.

A cada minuto perdía el hilo de la atención, lo recuperaba, para más tarde perderlo de nuevo.

Al fin sentí una especie de ridícula irritación conmigo mismo y gire hacia la calle de la izquierda con la firme decisión de mantener mi atención en el hecho de que debería recordarme a mí mismo al menos durante algún tiempo, a cualquier precio hasta alcanzar la calle siguiente.

Llegue a la Nadejdinskaya sin perder el hilo de la atención, excepto, quizá, por unos pocos momentos.

Después volví de nuevo a la Nevsky, comprobando que en las calles tranquilas me resultaba más fácil no perder la línea de los pensamientos y deseando, por tanto, probarme a mí mismo en calles más ruidosas.

Llegue a la Nesky y recordándome aun a mí mismo, y ya estaba comenzando a experimentar el estado extrañamente emocional de paz interior y de confianza que sobreviene después de grandes esfuerzos de esta clase.

Justo en la esquina de la calle Nevsky estaba la tienda de tabaco en la que me hacían mis cigarrillos.

Aun recordándome a mí mismo pensé que podría llegar hasta allí y encargar algunos cigarrillos.

Dos horas después me desperté en la Tavrichescaya, esto es, muy lejos.

Estaba yendo en izvostchik a donde los impresores de una tipografía.

La sensación de despertar fue extraordinariamente vivida.

Podría casi decir que volví.

Recordé todo de una vez.

Cómo había caminado por la Nadejdinskaya, cómo me había recordado a mí mismo, cómo había pensado en los cigarrillos y cómo con este pensamiento me parecía que de repente todo caía y desaparecía como en un profundo sueño.

Al mismo tiempo, mientras que estaba inmerso en este sueño, había seguido realizando acciones consistentes y oportunas.

Había salido del estanco, ido a mi apartamento en la Liteiny, telefoneado a los impresores.

Había escrito dos cartas.

Luego, de nuevo, había salido de la casa.

Había ido caminando por la acera izquierda de la Nevsky hasta la Gostinoy Dvor, con la intención de dirigirme a la Offitzerskaya.

Luego, había cambiado de opinión al ver que se hacía tarde.

Había cogido un izvostchik y estaba conduciendo hacia la Kavalergardskaya, donde mis impresores.

Y en el camino, mientras que estaba atravesando la Tavricheskaya, empecé a sentir una extraña desazón, como si estuviera olvidándome de algo.

Y de repente me acorde de que estaba olvidando recordarme a mí mismo.

Ouspensky